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Choferes fundadores de la UCI, de izquierda a derecha, Jorge Luis (Pipe), Vladimir, Ariel y Leonel, a quienes la comunidad reconoce y agradece tan abnegada e imprescindible entrega. Foto: Alberto Medina Cruz

Los choferes casi no dormían

Nancy Pérez Medina |
18 de Octubre de 2017 / 2:45 pm
Choferes fundadores de la UCI, de izquierda a derecha, Jorge Luis (Pipe), Vladimir, Ariel y Leonel, a quienes la comunidad reconoce y agradece tan abnegada e imprescindible entrega

Choferes fundadores de la UCI, de izquierda a derecha, Jorge Luis (Pipe), Vladimir, Ariel y Leonel, a quienes la comunidad reconoce y agradece tan abnegada e imprescindible entrega. Foto: Alberto Medina Cruz

De los primeros 60 choferes que comenzaron a trabajar en la Universidad de las Ciencias Informáticas (UCI) el 2 de septiembre de 2002, quedan seis: Leonel Machado Gámez y Jorge Luis García Hernández (Pipe), de Bauta y Caimito, respectivamente, en la provincia de Artemisa; Vladimir Orta Oberto y Ariel Álvarez Díaz, de La Lisa en La Habana; también de la capital José Celestino Alfonso Francis, del municipio de Arroyo Naranjo, y Cándido Wilfredo Moreno Machado, de Boyeros.

Con el interés de conocer cómo funcionó la transportación en los primeros años de la UCI, logramos una conversación informal, donde las respuestas de cuatro de los fundadores: Leonel, Vladimir y Pipe (quienes manejan guaguas) y Ariel (conductor de autos ligeros), nos contaron interesantes anécdotas, algunas casi increíbles, de estos choferes que se entregaron en cuerpo y alma al Proyecto Futuro.

-¿Cómo fueron captados para trabajar en la UCI?

Les dijeron que iba a comenzar un proyecto de Fidel, que había una convocatoria y debían ir al municipio de Playa. Muchos hicieron la solicitud, fueron entrevistados el 28 de agosto de 2002, y captaron a un grupo. Fueron seleccionados en muy poco tiempo (tres días).

Procedían de las Fuerzas Armadas (Leonel y Vladimir), del Ministerio del Interior (Ariel) y de la Escuela Interarmas Antonio Maceo (Pipe).

-¿Cómo fue la entrada a la Universidad? ¿Qué pasó?

Les avisaron el primero de septiembre del propio año que habían sido escogidos y al siguiente día, a las siete de la mañana, entraron juntos 60 choferes, la cifra estipulada para ese momento.

Dice Vladimir, y los demás asienten, que lo primero que vieron cuando llegaron fue que “no había nada, no se sabía lo que iba a pasar porque veníamos como choferes y no teníamos vehículos”.

Estaban todavía los carteles de los rusos en las naves. La instalación de Transporte existía y el Rectorado también. En el centro de la institución era donde más se construía.

Se dieron a la tarea de acondicionar el área, limpiando y dando un poco de cultura a lo que sería la Dirección de Transporte. Aún con asombro me expresan que a los diez días de sus llegadas no había un carro todavía y lo único que manejaban era una escoba durante toda la jornada.

Cuando a los varios días iniciaron el abastecimiento del parque a Transporte, que ocurrió poco a poco, comenzando por los carros ligeros, iniciaron un cúmulo de tareas, con el fin de garantizar el comienzo del curso escolar, el 23 del mismo mes.

Ellos también tildan aquello de una locura, se decían entre sí: “Esto no puede ser posible”. Trabajaban mañana, tarde y noche; pero existía la confianza de que estaba el Comandante en Jefe al frente de la tarea.

Ariel recuerda que hubo un ciclón y los camiones se movilizaron para ir apartamento por apartamento a llevarles a los muchachos los alimentos con el propósito de que no salieran.  Y era común, añade, que cuando se estaba construyendo, una guagua se quedara atascada en el fango y tuvieran que ir a ayudar a sacarla.

Cuentan que ninguno de los docentes existía, que lo que predominaba eran las matas y el lodo y donde quiera abrían una carretera. Terminaban un jardín y atrás venía una buldócer y lo desbarataba. La UCI se remodeló casi completamente. Era muy difícil manejar.

Para demostrar la premura y acelerado ritmo de trabajo, Vladimir nos expone: “Yo no recuerdo una tarea que fuera para hoy, todas eran para ayer, para antier, y hasta para antes de antier. Todo era YA -acentúa y añade-, terminabas una tarea y te daban otra, y seguías. Ibas a la casa en un momento, cuando podías, a ver a los hijos, a dar una vuelta, y tenías que regresar en seguida porque te estaban esperando aquí para diversas tareas”.

Ahora es Leonel quien retiene en su memoria el exceso de trabajo: “No parábamos nunca, era todo el tiempo arriba de los carros. Dale para aquí, dale para allá. Y las tareas no se acababan nunca”.

Ariel añade: “Al principio yo casi no dormía, me dieron transporte de carga y trabajábamos a veces un día completo y la noche casi entera, y al otro día seguíamos. Cuando la Operación Milagro también fue intenso. Los traían (los pacientes) en otro transporte y ya aquí nos encargábamos del traslado de los venezolanos a las consultas y a otros lugares. Era así”.

Después se fue organizando el trabajo, ya era otra historia, pero en los primeros momentos había falta de transporte y escasez de todo.

-¿Qué recuerdan de las primeras movilizaciones?

El apoyo de los choferes para las primeras movilizaciones fue colosal; pero lo catalogan de arduo porque tenían que cumplir las obligaciones del día y salir hacia los lugares convocados, dejar a los alumnos, regresar a veces y otras quedarse esperando, venir a transportar a los trabajadores externos y realizar otros deberes.

-¿Cómo recuerdan algún contacto directo con Fidel?

No recuerdan fechas exactas, debido a la premura en que vivían y trabajaban, cuando no sabían qué día era ni de la semana, ni del mes.

Pero dicen que en una visita, se reunieron todos los choferes y fueron para donde estaba el Comandante y lo pudieron ver de cerca, saludarlo y sentir mucha emoción cuando se dirigió a ellos, les habló a los estudiantes, y también a los trabajadores de la necesidad de darlo todo, de la importancia de la UCI,  lo cual los motivó y dio nuevos bríos.

Ariel tiene su experiencia personal inolvidable: “Yo tuve la oportunidad de darle la mano cuando la Misión Milagro. Nos dijeron: concéntrense ustedes en el área deportiva, llevamos el transporte para el lugar y tres choferes nos sentamos en el edificio 26, donde ahora está Sepcom, que fue la primera zona que escogieron para los enfermos que llegaban de Venezuela.

“Cuando vi que Fidel se estaba bajando de un jeep frente a mí, me quedé pasmado al igual que las otras personas que estaban cercas, porque él impresiona (lo dice en presente) y nos dio la mano. No se alejó del carro en que venía, apoyó el codo en el techo y se puso a hablar con los primeros que llegaron ahí, de forma normal, como si fuera un amigo. Y preguntaba de todo”.

-¿Qué recuerdan de la primera graduación?

Los choferes tuvieron mucho trabajo para que todo saliera bien y quedara organizado en la primera graduación, en el 2007. Se realizaron las actividades en otros lugares y tenían que trasladar a trabajadores, estudiantes y familiares, y dar tres o cuatro viajes extras para llevarles comida y meriendas.

En esa primera etapa Jorge Luis García Hernández (Pipe) resultó trabajador destacado en el área de Transporte, un mérito difícil de lograr en aquellos tiempos en que todos trabajaban tanto, y tuvo el honor de recibir, en el acto de la primera graduación en el teatro Carl Marx, el diploma que lo acredita como tal de manos del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, quien lo saludó personalmente.

-¿Otros méritos?

Los cuatro son internacionalistas, me piden que se reconozca la actitud de Raúl Rafael García Pérez, actual director de Transporte, que les dio la oportunidad a los fundadores de haber contribuido con su granito de arena al apoyo de Cuba a la República Bolivariana de Venezuela, porque pudieron poner sus esfuerzos en la construcción de otro pueblo.

Creemos que ha quedado explícito el calibre de los choferes fundadores, a quienes, junto a los que les siguieron, la comunidad reconoce y agradece tan abnegada e imprescindible entrega.

Vladimir Orta Oberto: “Uno se siente motivado, sentimos que la UCI es prácticamente nuestra propia casa, porque convivimos más aquí. Ha sido una experiencia única, si tuviéramos que volver a repetirla, ya sabiendo de qué se trata, estaríamos dispuestos de nuevo. Sirva este homenaje para los que no están físicamente, principalmente el Comandante en Jefe”.

Vladimir Orta Oberto: “Uno se siente motivado, sentimos que la UCI es prácticamente nuestra propia casa, porque convivimos más aquí. Ha sido una experiencia única, si tuviéramos que volver a repetirla, ya sabiendo de qué se trata, estaríamos dispuestos de nuevo. Sirva este homenaje para los que no están físicamente, principalmente el Comandante en Jefe”.

Ariel Álvarez Díaz: “Si tuviéramos que comenzar a nuevo aquí, o volver no solo a Venezuela, sino adonde fuera, también estaríamos dispuestos. Es un orgullo trabajar aquí porque la UCI es la UCI: donde quiera que vas la mencionan y se conoce, incluso internacionalmente”.

Ariel Álvarez Díaz: “Si tuviéramos que comenzar a nuevo aquí, o volver no solo a Venezuela, sino adonde fuera, también estaríamos dispuestos. Es un orgullo trabajar aquí porque la UCI es la UCI: donde quiera que vas la mencionan y se conoce, incluso internacionalmente”.

Jorge Luis García Hernández (Pipe): “Seguro, lo volveríamos a repetir si fuera necesario, diez veces más”.

Jorge Luis García Hernández (Pipe): “Seguro, lo volveríamos a repetir si fuera necesario, diez veces más”.

Leonel Machado Gámez: “La gran importancia que tiene la UCI para nosotros es que la vimos nacer, crecer y mejorar, llegando a cumplir 15 años como una universidad creadora y formadora de jóvenes”.

Leonel Machado Gámez: “La gran importancia que tiene la UCI para nosotros es que la vimos nacer, crecer y mejorar, llegando a cumplir 15 años como una universidad creadora y formadora de jóvenes”.