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Jóvenes VS Covid-19: Quiero que vivas

Joven protagonista |
30 de Abril de 2020 / 11:30 am
Jóvenes contra la COVID19

Querido diario, en los últimos días hemos vivido momentos que llenan de emoción, te lo advierto para que sepas que lo que vas a leer, no es más que un cúmulo de sentimientos. Quienes leyeron los días anteriores han dicho que son historias del corazón, y creo que sí, tienen razón.

Los jóvenes que trabajamos contra la COVID-19, no lo hacemos por beneficio económico ni personal. Lo hacemos porque estuvimos en el momento y el lugar correcto, y tuvimos la mejor de las decisiones: estar aquí, en la primera línea de combate, apoyando al país para que tenga la menor cantidad de vidas humanas en riesgo, y eso, eso es lo que defendemos cada día en que nos levantamos para hacer funcionar nuestro Centro de Aislamiento UCI-MINSAP.

Síntomas de la COVID-19

Muchas ‘’cosas médicas’’ hemos aprendido por estos días, y cuando digo muchas, son bastante en realidad. Desde poner un guante que, al principio tardábamos cinco minutos y ahora es cuestión de segundos, hasta poder determinar, por la apariencia de una persona, por su forma de expresarse, si tiene síntomas o no.

Hemos aprendido que la COVID-19 tiene como síntomas comunes: fiebre, cansancio y tos seca. También sabemos que algunas personas pueden experimentar: achaques, congestión nasal, nariz que moquea, dolor de garganta y diarrea.

En promedio transcurren entre 5 y 6 días desde que alguien está infectado con el virus hasta que se muestran los síntomas, sin embargo, puede demorar hasta 14 días.

Las personas con síntomas leves que, por lo demás están sanas, deben aislarse por sí mismas y buscar atención médica si tienen fiebre, tos o dificultad para respirar. En nuestro país, se practica un protocolo muy anticipado, en el cual se aísla a todo aquel que, aunque no tenga síntomas, haya tenido contacto con alguna persona diagnosticada como positiva, que al juzgar por el porciento de mortalidad que tiene la enfermedad hasta la actualidad, tiene bastante efecto, y para que funcione, depende de contar con todos los recursos materiales y sobre todo humanos, que sustenten el aislamiento.

Traer un paciente sospechoso de tener el SARS-COV-2 en un vehículo, realizarle una historia clínica, ubicarlo en un apartamento, cuidarlo y protegerlo hasta que salga de alta con un PCR negativo a los 14 días, o hasta que presente algún síntoma que requiera una institución médica superior al área de aislamiento, requieren sin dudas muchos recursos, pero sobre todo, muchas personas valientes que luchan por la vida.

De historias de personas que salieron de nuestro Centro de Aislamiento con los síntomas rumbo a un hospital y de personas que sufrieron un percance durante su estadía, aquí va nuestra crónica de hoy.

Bitácora del día

Las tres manzanas de pacientes siguen en ebullición. Los taxis y ambulancias no se detienen; unos traen a pacientes nuevos, otros remiten a algunos a centros asistenciales más especializados, algunos llevan a sus hogares a aquellos que lo requieren.

Las cifras totales ascienden a más de 400 pacientes entre las tres cuadras de edificios, con 38 miembros del personal de la salud: doctores, enfermeros y otro personal sanitario, así como 25 jóvenes voluntarios. Se incorporan a este grupo de la UCI, jóvenes profesores y trabajadores del Municipio La Lisa, de la capital cubana.

Marcas del día

Las de hoy no llevan mucha presentación, representan al ser humano cuando se enfrenta al peligro para su vida. No puede evitar sentir y expresar ese sentimiento de diversas maneras, pero siempre vive fuertes emociones.

Padre y madre por COVID-19: Esteban es doctor de profesión, pero no fue él quien se enfermó. Su esposa fue positiva a la Covid-19 y, automáticamente, lo aislaron a él con sus dos hijos, 14 años la niña, 4 años el chico. Siendo las diez de la noche, el varón comienza a sentir falta de aire, el padre preocupado llama a la doctora de guardia.

La especialista lo tiene claro, un poco de fiebre, tos seca, y un ruidito en los pulmones, hay que venir a buscarlos inmediatamente, el que tiene síntomas es el menor, pero por el contacto que tuvieron todos con la madre y por lo peligrosa y contagiosa que resulta la enfermedad, es cuestión de tiempo para que todos tengan síntomas.

Una hora después cuando ya se disponían a dormir para esperar el traslado al otro día, llegó la ambulancia que los trasladaría a un hospital pediátrico de la Habana, respuesta eficiente de estos héroes anónimos que trabajan en el SIUM. El objetivo era claro: cuidarlos y brindarles los primeros auxilios, así como los medicamentos requeridos para evitar complicaciones. Está demostrado que, mientras más a tiempo se ataca la enfermedad, más posibilidades hay de sobrevivir.

Sólo pude ver de lejos, con la distancia requerida, la cara del padre. Cuánta preocupación en un rostro, cuánto temor, cuánto sentimiento en una sola cara. Sobre su espalda pesaba la preocupación por su esposa, su hija, y su hijo. La familia que había construido con mucho esfuerzo se veía amenazada por una enfermedad, y él como médico, no podía hacer nada.

Le dije: “Padre, fuerza, que van a estar bien” y él me contestó: “Confío plenamente en la medicina cubana, y gracias, las fuerzas me las dan todos cuando nos tratan así. Es duro tener fuerzas cuando sabes que tu familia está mal, pero hay que hacerlo”.

Suspiró y subió a la ambulancia. Sus caminos y su salud, estarán en manos de la medicina, esa que el estudió y que ahora lo trata como un paciente, tiene que ser padre y madre por la Covid-19. Yo lo vi haciéndolo muy bien.

Día triste: La segunda historia no es de pacientes y es una de las marcas más difíciles de este diario. Algunos dirán que no debía escribirla, porque violo la intimidad quien voy a hablar, pero yo sé que esa persona cuando pueda leer el diario, va a entender que todos nos sentimos muy mal por lo que pasó, y que él, siendo un joven más, es motivo de orgullo para sus compañeros y todos los que lean esta marca. He aquí lo sucedido.

Cada día, los jóvenes del campamento llevamos un pomo de hipoclorito a cada apartamento, para garantizar la limpieza y la desinfección de los cuartos y las superficies comunes.

Resulta que uno de nosotros estaba preparando la solución de 200 milímetros de cloro y 1300 milímetros de agua, cuando, por cuestiones de mala suerte, saltó un poco del cloro que estaba envasado y le cayó en sus ojos. Estuve cerca, vi su dolor, el agua constante lo mitigaba, pero era fuerte. La enfermera al frente arrancó en un carro hacia el principal hospital oftalmológico, el transporte y el sistema de salud está preparado. Luego de un diagnóstico, quemaduras leves y de 24 a 72 horas de reposo total. Había sido más susto que otra cosa, y, aunque peligroso, no debe tener repercusiones para su salud.

Unas horas después, a este mismo joven le llega la noticia del fallecimiento de su abuela.

Miren lectores, habíamos terminado de comer, y mientras él reposaba sus ojos, y sentía el dolor por la pérdida de su ser querido, todos bajamos las cabezas y perdimos los ánimos en un silencio abrumador.

Toca repartir la merienda nocturna a los pacientes. Llegó el carro y esto nos movió de nuestro shock. Al terminar, antes de acostarnos, fuimos a preocuparnos por sus heridas en los ojos y en el corazón.

Ya quería volver a trabajar, seguro estoy que esa energía que le imprime a la tarea, desde el primer segundo, dando toda su alegría a cada paciente que atiende, sería lo único que le curaría las heridas físicas y las del alma.

Hoy fue un día triste, pero de esos que enseñan el valor de nuestros jóvenes. Hay que tener fuerza para resistir heridas físicas y mentales como las que he descrito. No hubiese querido nunca escribir esta marca, pero sirva de homenaje a nuestro compañero de lucha contra la Covid-19, y que pase el tiempo que pase, sus ojos y sus sentimientos sean sanados con la satisfacción del gran trabajo realizado. Seguiremos venciendo a la Covid-19.

Cúrate y Vive:  Lorena tiene entre 30 y 35 años, su hija Melanie tiene unos 16, cursa el primer año de gastronomía en el barrio habanero del Vedado. Llegaron en la tarde del miércoles. Venían nerviosas, pero cuando vieron las condiciones del alojamiento, sus caras comenzaron a alegrarse. Habían sido contactos de la madre de Lorena, diagnosticada como positiva a la Covid-19, y se encontraban como asintomáticas hace cinco días.

Las habían trasladado aquí y confesaron que nunca habían visto a la UCI, y que le llamaron la atención las grandes instalaciones y esculturas: “Esto es una ciudad, que cuartos más grandes, no se parece a la beca en la que estuve”. Eran cosas que nos decían al llegar, mientras disfrutaban de un cuarto preparado para su aislamiento. Esa noche dieron más de veinte veces las gracias por el trato, y por instantes, no parecieran estar enfermas.

Hoy alrededor del mediodía, en la visita que le hacen los médicos y enfermeras se lanza al aire una alerta, Melanie no podía oler nada, pérdida del olfato que no le permitía saber ni siquiera el olor de su perfume favorito, ese que en sus 16 primaveras era el que más usaba. Una auscultación, una toz seca, y fue suficiente para el dictamen: “Van para un hospital remitidas, están comenzando a tener síntomas”.

Ante cada una de las decisiones médicas, las escuchamos con mucha atención, aprendemos de ellas y vemos las reacciones. Tuve la tarea de ir a buscar a madre e hija cuando llegó la ambulancia. Se me atoró la garganta, sólo les digo eso. La chica llena de alegría, ahora no estaba alegre, miraba hacia el piso y tenía los ojos envueltos en lágrimas. No pude evitar sentirme mal, pero traté de mejorar la situación y le dije: “Dime Mel, cómo te sientes, esa mala cara es porque te sientes mal” y me dijo: “No muchacho, es que tengo miedo de que le pase algo a mi abuela y a mi mamá, yo me siento mal, pero estoy preocupado por ellas. – lo expresó con un carácter de una muchacha de más edad.

La madre no pudo aguantar el llanto. La chica también, yo me adelanté y le dije:

“¡Quiero que vivas chica! Necesitamos de gente alegre como tú, tu abuela, tu mamá y tú van a estar bien, tienes que prometérmelo, para que hayan valido la pena los chistes que te hice”.

Ella sonrió y, envuelta en lágrimas asintió con la cabeza.

La puerta de la ambulancia se abrió, montaron y salieron rumbo al hospital. Puede ser que nunca las vuelva a ver, pero confío en la medicina cubana y en que la vida me va a permitir ver a esa niña sonreír de nuevo, o al menos le va a dar vida para que haga el cuento. No puede ser que el abrazo de su abuela le haga tanto daño. Una marca más que no olvidaré: te enfrentaremos Covid-19, por Mel, por su madre, por su abuela y por todos los que van a vivir.  ¡¡¡Te enfrentaremos y te ganaremos!!!

Hasta mañana diario… seguiremos contando historias.

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