Noticias

“Fiesta de la cultura cubana: alma y escudo de la Nación”
|
Image
Jornada de la Cultura Cubana

Octubre es un mes simbólico, se recuerdan dos importantes acontecimientos históricos y culturales: el inicio de las guerras de independencia y el Día la Cultura Cubana. Ambas efemérides están estrechamente relacionadas: la primera  nos recuerda el 10 de Octubre de 1868, momento cumbre de la historia de nuestro país, cuyo llamado fue el grito de independencia en La Damajagua, hecho que constituyó el preludio de la toma de Bayamo por las tropas mambisas al mando de Carlos Manuel de Céspedes el 20 de octubre de 1868, momento en que se llamaba al combate y se exaltaba el sentimiento patrio.

En la algarabía de la toma de Bayamo,  Pedro Perucho Figueredo Cisneros, sobre la montura de su caballo y a petición del pueblo allí reunido, escribió las letras del Himno “La Bayamesa”, como originalmente se le llamó, por haber sido compuesto y tocado por primera vez en Bayamo.

Al combate corred, bayameses,
que la patria os contempla orgullosa;
no temáis una muerte gloriosa
¡que morir por la patria es vivir!
En cadenas vivir, es vivir
en afrenta y oprobio sumido;
del clarín escuchad el sonido
¡a las armas, valientes, corred!
No temáis los feroces íberos
son cobardes cual todo tirano,
no resisten al bravo cubano
para siempre su imperio cayó.
¡Cuba libre!, ya España murió,
su poder y su orgullo ¿do es ido?
del clarín escuchad el sonido
¡a las armas, valientes, corred!
Contemplad nuestras huestes triunfantes,
contempladlos a ellos caídos
por cobardes huyeron vencidos
por valientes sabremos triunfar.
¡Cuba libre! podemos gritar
del cañón al terrible estampido,
del clarín escuchad el sonido
¡a las armas, valientes, corred!

Estas son las estrofas originales del Himno de Bayamo, conocida como una marcha guerrera, patriótica, que significó la forja de la nación cubana, símbolo y testimonio de la lucha llevada a cabo por los mambises para librarse del dominio de los españoles, y a las que José Martí le dedicó con sus sublimes y precisas palabras en el periódico Patria, con fecha del 25 de agosto de 1892, bajo el título “La Bayamesa, Himno Revolucionario Cubano, de Pedro Figueredo”.

«Patria publica hoy, para que lo entonen todos los labios y lo guarden todos los hogares; para que corran de pena y de amor, las lágrimas de los que lo oyeron en el combate sublime por primera vez. Para que espolee la sangre en las venas juveniles, el himno a cuyos acordes, en la hora más bella y solemne de nuestra patria, se alzó el decoro dormido en el pecho de los hombres. ¡Todavía se tiembla de recordar aquella escena maravillosa!»

Y, como expresara el Maestro, la letra del himno de guerra y de victoria fue copiada de mano en mano y se cantó por primera vez por todos los que asistían al ilustre momento, marcando definitivamente el nacimiento de la identidad y rebeldía de una nación. Aquel 20 de octubre de 1868 se unieron música, poesía, arte y revolución, y del histórico momento en Bayamo quedó fusionada la cultura y la nación cubana, amante de la independencia que es hoy Cuba.

Para recordar ese acontecimiento, el 20 de octubre se declaró Día de la Cultura Cubana, por Decreto Nº 74 Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros de Cuba, con fecha del 22 de agosto de 1980. Por esa causa, cada año constituye una fiesta nacional la Jornada por la Cultura Cubana, celebrada en Bayamo con el nombre “Fiesta de la Cubanía”, sugerido por  Armando Hart Dávalos en el año 1994.

El evento se desarrolla en la ciudad Cuna de la Nacionalidad Cubana, y aglutina en los participantes, el orgullo de ser cubanos y el deber de defender la identidad y la cultura nacional, a través de la exposición de investigaciones y resultados científicos en el evento teórico:  “Crisol de la Nacionalidad”, exaltando lo más representativo del desarrollo histórico y sociocultural de la Isla, desde sus raíces hasta la actualidad, expresadas en la creación, enriquecimiento y crecimiento espiritual, imbricando conocimientos, saberes, a través de este encuentro de la intelectualidad cubana, que propician, el diálogo, el debate, discusiones científicas, con intenciones marcadas en la historiografía y las ciencias sociales con la finalidad de tributar a la defensa y afianzamiento de la identidad y la cultura nacional cubana.

 

Noticias

La UCI: un sueño de Fidel hecho realidad
|

¿Cómo se fraguó la Universidad de las Ciencias Informáticas? ¿Por qué el máximo líder de la Revolución Cubana fue su artífice? A 19 años del primer curso escolar evocamos el afán de nuestro Comandante en Jefe por crear un centro docente diferente
 
Cuando decimos que fue el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz quien fraguó la idea de la creación de la Universidad de las Ciencias Informáticas (UCI), no nos asiste ningún chovinismo. Los hechos hablan por sí solos. El primer curso se abrió el 23 de septiembre de 2002. Fidel la comenzó a soñar seis meses antes, o al menos es la fecha en que lo expresa públicamente, y después, con frecuencia hablaba de la UCI.
 
El 23 de marzo de 2002, en una reunión del Grupo de Trabajo de la Batalla de Ideas les dijo que iban a formar en el “Centro Ruso” programadores seleccionados, a los que “ (…) hay que darles otro tratamiento, otra educación”. Porque, dijo, tenemos que ampliar el mercado y no podemos depender de los Estados Unidos. Expresó: “A mí me parece que es la cosa más revolucionaria que hemos inventado, (…) y más revolucionadora (…).Es lo más importante, a mi juicio, lo más revolucionario dentro de todos los cambios”.
 
Allí explicó que nadie podría competir con nosotros en software, porque lo podríamos vender a la mitad de su costo y que haríamos una Intranet fuerte, idea que reitera con el mismo Grupo de Trabajo, el 2 de abril: “La Universidad a crear debe preparar programadores informáticos”. Orientó que se revisaran los aseguramientos y las perspectivas de ampliación.
 
El 7 de abril en una consulta de trabajo indicó que los estudiantes escogidos fueran de todo el país con cualidades políticas y revolucionarias, aparte del talento, porque será un personal demandado. Concluyó: “Esa va a ser una superescuela”.
 
El 7 de mayo se volvió a reunir con el Grupo de Trabajo de la Batalla de Ideas y siguió fraguando la idea, y el 28 de junio en una consulta, añadió a las condiciones de los escogidos que tuvieran voluntad. En otro encuentro dijo que la Universidad se inauguraría el día que quisiéramos. Hizo su primera visita a la Sede Central y realizó un despacho por la noche.
 
Explicó entonces: “Debe ser una universidad más nueva, más universal, más creativa”. “A mi juicio, esa escuela debe caracterizarse por la gran variedad de formas de enseñar, de preparar”. Añadió que había esperanzas de que se trabajara para el país. Hay que formar, indicó, personas diferentes y no enajenadas, abanderadas de una cultura general integral. “Hay que hacerlos conscientes de que pertenecen a una comunidad científica comprometida”.
 
Al día siguiente realizó otra consulta de trabajo y el 15 de agosto, en otra reunión con el Grupo de la Batalla de Ideas, apareció por primera vez la palabra excelencia: “Tenemos que hacer una universidad de excelencia”. “Debemos tener para esta Universidad una tropa élite de la juventud, para que trabaje allí (…)”.”Tenemos que planificar actividades deportivas, culturales, hacer fiestas sin bebidas alcohólicas, cine”.
 
Todo lo previó, y el 17 de agosto se le consultaron los nombres propuestos y aprobó: “Universidad de las Ciencias Informáticas (UCI)”, expresando que era estratégica para la vida y la economía del país.
 
El 19 de agosto se efectuó en el Consejo de Estado un encuentro para hablar de la UCI, y reiteró: “(…) esta debe ser una escuela flexible y capaz de metamorfearse, de cambiarse, de perfeccionarse”. “Si estas ideas se toman en cuenta, entonces nos acercamos al tipo de universidad con que estamos soñando (…)”. Ese día habló de todas las cosas que quería, hasta de los mínimos detalles de matrícula y demás.
 
Vinieron otros encuentros y el 12 de diciembre, en la visita que hizo a la UCI con la periodista estadounidense Andrea Mitchell, habló de la tropa de futuro que eran los estudiantes del centro. Y el 10 de marzo, de 2003, en el primer claustro de profesores de la Universidad, les compartió: “La escuela va a tener un prestigio tal, que va a ser que los muchachos estudien más”. También nuestro máximo líder habló acerca de esta visión en el acto del primer fin de curso de la UCI, el 19 de julio de 2003.
 
Después siguió tocando el tema: el primero de agosto de 2003, en el acto de graduación de la Escuela de Enfermería; el 5 de diciembre de 2004, en la clausura del VII Congreso de la UJC; el 23 y 24 de diciembre de 2004, en la Asamblea Nacional del Poder Popular; en consultas de trabajo en octubre y noviembre de 2005; en el Acto Central por el Sexto Aniversario de la Batalla de Ideas y 35 de la FEEM, el 6 de diciembre de 2005; en el acto por el XV Aniversario del Palacio Central de Computación, el 7 de marzo de 2006.
 
La UCI ha seguido apasionando al Comandante en Jefe en consultas, discursos, celebraciones y reflexiones.
 
Así se creó  la Universidad de las Ciencias Informáticas, que comenzó bajo lluvia y fango, sin calles, sin aceras y el 23, cuando comenzaron las clases, los profesores escogidos, los dirigentes escogidos, los estudiantes escogidos, fueron a las aulas con capas y botas, casi en medio del huracán Isidoro.
 
Ya la Universidad de las Ciencias Informáticas exhibe  15 453 graduados, informatiza a la sociedad cubana y aporta a la economía del país (hasta el 2010 mediante los polos científicos, y a partir de esa fecha, en sus Centros de Desarrollo). El 6 de septiembre de 2021 comenzó su curso escolar número 19, de manera no presencial, debido a la situación epidemiológica provocada por la pandemia de la Covid19. Ha realizado 14 graduaciones y muchos se desempeñan en la formación y producción en la propia institución.
 
Podemos decir que se hizo realidad el deseo de Fidel, porque el 23 de septiembre de 2002, no quedó un cuadro político, ni un dirigente que no llegara a las aulas para festejar las primeras clases del Proyecto Futuro.

Noticias

La Música de la Bayamesa: Himno Patriótico Cubano
|
Image
Himno Nacional de Cuba

La madrugada del 14 de agosto de 1867, fue testigo de los desvelos de hombre y piano, para amanecer con el nacimiento de las notas musicales del canto de guerra cubano, compuesto por el poeta y reconocido revolucionario bayamés, Pedro Perucho Figueredo Cisneros quien también era cantante y muy asiduo a la música en general. Durante una reunión secreta en su casa de Bayamo, la cual fue el centro principal de la conspiración independentista en la región oriental, con la presencia de  Francisco Maceo Osorio,  Francisco Vicente Aguilera y otros independentistas, formaron  el Comité Revolucionario de Bayamo e insistieron en la necesidad de componer un himno que, a semejanza del himno francés “La Marsellesa”, enardeciera los ánimos. 

Al terminar aquella reunión conspiradora, Maceo Osorio le dijo a Perucho: “Se puede decir que ya estamos reunidos en comité de guerra, te ha tocado a ti que eres músico componer nuestra “Marsellesa” y en la madrugada de esa misma noche, nació la inspiración tecleada al piano de la marcha guerrera nombrada inicialmente “La Bayamesa”.

La melodía solo había sido compuesta para piano, por lo que posteriormente, el 3 de mayo de 1868, Pedro Figueredo (Perucho) decide su orquestación y solicita  al músico Manuel Muñoz, director de la orquesta de la Iglesia Mayor, que componga la música e hiciera la instrumentación. Nada le dijo de su verdadero significado solo le recomendó discreción. Muñoz se comprometió a interpretarla en público con su orquesta en las celebraciones de la fiesta religiosa por la Iglesia Católica  del Corpus Christi. Por lo que, el 11 de junio de 1868 la iglesia Parroquial Mayor de la entonces villa San Salvador de Bayamo fue escenario del estreno de la partitura escrita.

En dichas festividades se encontraban el Gobernador militar de la ciudad, Teniente Coronel de Caballería Julián de Udaeta y Arrechavala, su Estado Mayor y un Batallón de infantería. Del otro lado del altar se encontraba un grupo de conspiradores presididos por Perucho Figueredo, Francisco Vicente Aguilera, Francisco Maceo Osorio y otros. En el atrio los músicos de la orquesta de Manuel Muñoz Cedeño, que esperaban el momento final de la misa para interpretar aquella música que tenía mucho espíritu guerrero y carácter revolucionario.

Al terminar la  procesión el Gobernador solicitó la presencia del maestro Manuel Muñoz, para pedirle explicaciones de lo que había escuchado, quien ante las interrogantes  dijo que era obra de Figueredo y que la había tocado solo para complacerlo, negando conocer que era un canto patriótico. Más tarde fue llamado  Perucho y ante similares interrogantes respondió enérgicamente al Gobernador ¿Es usted músico? a lo que Udaeta le responde… “Dice  usted bien no soy músico, pero tenga la seguridad de que no me engañó”.  Estas palabras dan muestra de que aquellas notas musicales no eran más que un himno de guerra y que hasta el propio gobernador lo había reconocido.

Posteriormente, el 20 de octubre de 1868 con la toma de Bayamo la orquesta del maestro Manuel Muñoz Cedeño interpretaba la música de La Bayamesa, el himno guerrero dado a conocer meses atrás. El pueblo al conocer la presencia de Perucho Figueredo, pidió la letra a viva voz, ¡la letra, Perucho!!, La letra!.. entonces el bayamés sacó lápiz y papel y montado en su caballo compuso las octavas maravillosas del himno, el himno de la libertad. La letra pasó de mano en mano y poco después, todo el pueblo la entonaba, haciendo énfasis en el verso: "Morir por la patria es vivir". Desde La Filarmónica el teniente coronel Udaeta, prisionero, percibía el alborozo popular y la marcha, como canto patriótico. Hubo de decir: "¡No me había engañado! ¡Yo sabía que era una música de guerra!”.

La partitura musical de “La Bayamesa”, devenida Himno Nacional fue una estimulación a continuar con la lucha por la libertad y caló profundamente en la identidad del pueblo de Cuba, al punto de que se hizo un lugar como símbolo nacional. En la historia política, literaria y musical de Cuba y, en particular, de Bayamo, han sido compuestos y musicalizados más de un poema con el título de La Bayamesa. Los originales, incluso, han sido objeto de distintas versiones. Ello se debe a que, en muchas ocasiones, la trasmisión fue oral u objeto de circunstancias en las que su popularidad provocó cambios de letra e, incluso, en la propia melodía.

La versión original de la música compuesta por Figueredo se perdió; por lo que, la versión actual con la que se acompaña las letras del himno es un trabajo de Odilio Urfé, investigador y músico, que realizó una propuesta de reconstrucción ante la Asamblea Nacional del Poder Popular en 1983.

El espíritu claro de este canto patriótico es bélico. Representa testimonio de la lucha llevada a cabo para deshacerse del dominio de los españoles. El hecho de que este himno sea la representación musical de Cuba, habla del orgullo y valor que sentimos los habitantes de este país por la historia y al mismo tiempo la identidad que los define: valientes, luchadores y dispuestos a dar la vida por su nación. 
 

Noticias

13 de agosto de 1957, valores que perduran en el tiempo y espacio de la nación cubana
|
Image
Sergio y Luis Saíz Montes de Oca

“[...] Todo pensamiento revolucionario comienza por un poco de ética,por un poco de valores que le inculcaron los padres, le inculcaron losmaestros [...]”. (1)

Discurso pronunciado en el acto por el aniversario 60 de su ingreso a la universidad. La Habana, 17 de noviembre de 2005. Tabloide especial No. 11. Editado por Juventud Rebelde, La Habana, 2005, p. 14.

 

Hoy, Cuba, identifica en la memoria histórica, el 13 de agosto de 1957, a los 64 años en que fueron asesinados por la tiranía batistiana, los hermanos Luis y Sergio Saíz Montes de Oca. ¿Por qué quebrantar la vida a los jóvenes hermanos Sergio y Luis Saíz Montes de Oca? ¿Sergio y Luis Saíz Montes de Oca, qué valores se desarrollaron en su formación? ¿Cuáles fueron pasos lógicos del quehacer revolucionario de los hermanos Sergio y Luis Saíz Montes de Oca, y qué llevaron a identificar al líder Fidel Castro Ruz? ¿Por qué perduran en el tiempo y espacio de la nación cubana los sueños, pensamientos de los jóvenes hermanos Sergio y Luis Saíz Montes de Oca?

Para responder a estas interrogantes, fue identificado el espacio televisivo Mesa Redonda con fecha martes, 15 de agosto de 2017, que tuvo como objetivo: homenajear la historia, el presente y el compromiso que representan para nuestro tiempo, los jóvenes hermanos Luis y Sergio Saíz Montes de Oca, con la presencia del historiador de la provincia de Pinar del Río, Juan Carlos Rodríguez Díaz, invitado al programa, dijo de los hermanos Saíz que eran admirables y extraordinarios.

Para argumentar, lo expuesto como esencia y lo significativo de los jóvenes hermanos Sergio y Luis Saíz Montes de Oca, se identifican los valores desarrollados en su formación por la familia con la orientación de sus padres, Esther y Luis y la inserción en la enseñanza pública. La familia dotada de sabiduría, empatía y del bien a los demás. La historia de Cuba y de San Juan y Martínez con referencias a los ancestros mambises, del incendio de San Juan, lecturas dedicadas a Martí, a Sarmiento, a Marx y a Lenin, se insertaron, citaron y se apoyaron para el futuro de su actividad revolucionaria.

Ante la realidad de la localidad y de Cuba en los años cincuenta del pasado siglo, los jóvenes hermanos Sergio y Luis Saíz Montes de Oca, asimilan, fusionan y aplican lo aprendido de su formación familiar impactando en los espacios de la escuela pública en San Juan y Martínez, que se encontraba a tono con el proceso formativo cívico y patriótica que formó a la generación del centenario en Cuba.

Sergio, gana un concurso nacional en Idioma Inglés con un poema “A mi bandera”. Luis representa a Martí en Abdala. Ambos tienen la influencia de la doctora Emilia Delgado, una maestra excepcional.

Ellos también tuvieron el privilegio, de ir a estudiar al Instituto de Pinar del Río, de alta tradición combativa, donde estaba la huella fugaz de Mella, la formación de Guiteras, donde se creó el Directorio Estudiantil Universitario, de donde surgieron las luchas contra Machado. Ahí se hacen dirigentes orgánicos. Van a las luchas, a la marcha de las antorchas, a las protestas por el asalto a palacio presidencial. Hay en ellos cualidades de líderes, vocación por la patria, un calibre cultural. Luis pidió permiso para cooperar con el M-26-7, siendo consecuente con la Carta de México que Fidel y José Antonio Echevarría habían firmado.

En su extraordinario alegato ¿Por qué luchamos? de mayo de 1957 escribiría Luis Saíz Montes de Oca: “No tenemos más que nuestras vidas avaladas con la honradez de un pensamiento justo y una obra inmensa que realizar, y como ofrenda de devoción y desprendimiento los hermanos depositado en los brazos de la Revolución cubana, justa, grande, renovadora, honrada, socialista. Sin más esperanzas que ver algún día cumplidos estos sueños que hoy en plena juventud calor de lucha llevamos a estas cuartillas. La lucha que nos espera, la obra que tenemos por delante, y el recuerdo imborrable de los hermanos caídos abrazados a este mismo ideal que sentimos, no permitirá que quede trunca o incumplida, y la obra revolucionaria será algún día orgullo de todos, pues hoy es dolor de todos, pensamiento, razón y motivo de todos los hombres dignos y honestos de Cuba”.

El vínculo con Fidel se puede apreciar en sus poemas y prosa. Hablan del rifle en la Sierra en lo más alto de Oriente, allá está el potro que se va moviendo en la cordillera. Ven en Fidel al líder. Después de la muerte de Frank, la movilización nacional que llega hasta San Juan y Martínez, y se hace muy visible el liderazgo de Luis y Sergio por su capacidad de convocatoria en el instituto, las bombas que explotan en el pueblo, las casas de tabaco quemadas de la Cuban Land, la forma de distribuir la propaganda y el compromiso de celebrar el cumpleaños de Fidel ese 13 de agosto de 1957.

El asesinato fue selectivo. Los sicarios no estaban por casualidad en aquella noche en San Juan. El jefe militar de Pinar del Río era concuño de Batista. Acusaba de rebelde a todos los jóvenes que trataban de ir a la protesta. Ellos forman parte de la vorágine revolucionaria.

La presencia de los jóvenes hermanos pinareños se convierte en símbolo y guía a los miembros de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) que son continuidad del 13 de agosto de 1957, multiplicado en el infinito. Presentes, en la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) y el quehacer de los jóvenes que leen, crecen en la realidad cubana y con el compromiso de perpetuar los sueños de los jóvenes hermanos Sergio y Luis Saíz Montes de Oca.

“[...] tiene un mérito grande cuando un hombre entrega su vida por una idea revolucionaria y lucha sabiendo que puede venir la muerte, y aunque sepa que después de la muerte no venga más nada, tiene en tan alta estima esa idea, ese valor moral, que lo defiende al precio de todo lo que tiene, que es la vida, sin esperar un premio o sin esperar un castigo”. (2)

Fidel y la religión. Conversaciones con Frei Betto. Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 1985, p. 135.
 

 

Fuente consultadas:
(1) (2) Diccionario de pensamientos de Fidel Castro
http://biblioteca.ismm.edu.cu/wp-content/uploads/2017/06/Diccionario-Pe…;

Los hermanos Saíz serán para los jóvenes cubanos los desconocidos conocidos
http://mesaredonda.cubadebate.cu/mesa-redonda/2017/08/16/los-hermanos-s…
http://www.cubadebate.cu/opinion/2017/08/16/luis-y-sergio-saiz-montes-d…
 

Noticias

Fidel Castro Ruz, esa fuerza telúrica
|
Image
Grados de Comandante

El gran huracán que azotó a La Habana el 20 de octubre de1926, un suceso muy usual – aunque este según cuentan, de grandes proporciones - en el Caribe, engrosaría la cronología meteorológica de la isla y quedaría guardado en la memoria colectiva de los contemporáneos al fenómeno climatológico, como algo muy trascendente, llegaría a las sucesivas generaciones de cubanos, por la rica tradición oral de la isla, no obstante como algo anecdótico y pintoresco, pero finalmente, fugaz y perecedero en la memoria de la línea del tiempo personal de estas; ello jamás sucede así, con los hechos históricos de la patria que alimentan la identidad de los pueblos y con los hombres que cambian el curso de la historia de estos.

En tal sentido las generaciones contemporáneas de cubanos, los millones de agradecidos a la Revolución triunfante de enero de 1959, los que nacimos con la Revolución y en Revolución, atesoramos el 13 de agosto de 1926, como imperecedero, para nada trivial y anodino. 

En la antigua provincia cubana de Oriente, en el poblado de Birán, un oscuro rincón de la parte norte de la actual provincia de Holguín, en el enclave en que operaba una de las más leoninas y oprobiosas compañías norteamericanas, la United Fruit Company, nacería en esa fecha, Fidel Alejandro Castro Ruz. Su padre, Ángel Castro Argiz, hijo de campesinos pobres de Galicia, era terrateniente y colono cañero. Su madre, Lina Ruz González, provenía de una familia campesina de la provincia de Pinar del Río.

Aprendimos que ese día vio la luz, quien llegaría a ser un ilustre varón de los humildes, un huracán de acciones e ideas progresistas, que barrerían el entramado social ignominioso, levantado en la República Neocolonial nacida en 1902. El niño Fidel, muy pronto aprendería de las injusticias y penurias de los desposeídos de esa comarca, de los desclasados y de los olvidados de la tierra, de los que no tenían ni escuelas, ni la cura de sus cuerpos estaba a su alcance.

El joven aprendió de las lecciones de historia de su pueblo, de los heroicos y sacrificados de la manigua, que por más de treinta años combatieron a la metrópoli española y del dolor y frustración  de su pueblo, al ver izar la bandera del imperio del norte, cuando se le arrebató maquiavélicamente la victoria y se instaló en el país un protectorado que bajo la fuerza de las armas, le robó la soberanía e independencia.

El universitario Fidel descendió de la colina, bebiendo de las ideas más avanzadas de la época de los veinte, del abanderado de los estudiantes y del comunista asesinado por el asno con garra, del poeta revolucionario que encausó las luchas obreras y que abrazado a los ideales del comunismo científico, hizo estallar la tiranía oprobiosa de Gerardo Machado. 

Siguiendo los pasos del antiimperialista heroico Antonio Guiteras Holmes y las ideas del apóstol, José Martí, inició finalmente la verdadera revolución social en Cuba, que llevaría con la fuerza telúrica de los titanes como un ciclón multiplicado a barrer las secuelas de la ignominia de una sociedad carcomida y vetusta.

Fidel nos enseñó que una Revolución verdadera en Cuba debía, empezar por alfabetizar a las analfabetos, dar la tierra al campesino, abrir las escuelas para que todos accedieran a una enseñanza gratuita y de calidad, que todos accedieran a la plena cultura, a un trabajo y una vivienda digna, pero lo más importante y siguiendo los preceptos martianos que sólo una Revolución podría darle la mayor cuota de dignidad posible a cada uno de los cubanos, porque la revolución debía ser “Con todos y para el bien de todos”, que la isla debía alcanzar la plena soberanía e independencia y ello quedó plasmado tempranamente en el programa del Moncada.

Fidel Castro es el principal artífice del socialismo democrático cubano, inspirador de la más grande de las utopías realizables, una sociedad de verdadera justicia y equidad, despojada de racismo y cualquier tipo de desigualdad, abierta a todo tipo de posibilidad para todos sus hijos y comprometida con todas las causas justas de este mundo.

El estratega y líder de dimensión universal que sin embargo fue contrario a la idolatría y el culto a la personalidad, está presente en nuestros combates diarios frente al enemigo histórico, en esta hora decisiva en que Cuba sigue siendo la Numancia del Caribe y Latinoamérica. Nuestra resistencia Numantina frente a las más enconadas administraciones de los Estados Unidos es proverbial de nuestra historia.

En esta hora de enconada guerra económica, comercial, financiera y más que nunca de ideas y de principios, de símbolos culturales que nos imponen desde la doctrina neoliberal, llamándonos a la desmemoria de lo vivido y batallado, en estos 62 años de creación heroica, el 13 de agosto de 1923, se yergue en el retablo de la simbología patriótica, y revolucionaria, para perpetuar la revolución, con la absoluta certeza de lo que en Santiago de Cuba, el día 10 de octubre de 1991, afirmara, Fidel: “La única que puede resolver los problemas de este país, definitivamente, a mediano o a largo plazo, es la Revolución, y eso no tiene alternativa; somos nosotros y eso no tiene alternativa, y somos nosotros con nuestro trabajo, con nuestra lucha, con nuestro esfuerzo, combatiendo todo lo que haya que combatir… El imperialismo tratará de dividirnos para buscar cualquier pretexto con qué justificar sus acciones intervencionistas en nuestro país, y esa estrecha y sólida unidad les impedirá a ellos siempre el pretexto para eso…”

La Universidad de las Ciencias Informáticas, creada en el 2002 como resultado de la obra humanista de la Revolución e inspiración de su máximo líder, conmemorará la gloriosa fecha, entregada a la tarea que a esta hora, es prioridad impostergable, el combate a la pandemia de la Covid-19, como centro hospitalario, desde donde su claustro de profesores, trabajadores y estudiantes aporta todo su esfuerzo, aun sin descuidar el perfeccionamiento de la obra formativa, investigadora y productiva, desde el compromiso asumido con el líder histórico de la Revolución de formar profesionales comprometidos con su patria y altamente calificados en la rama de la Informática, producir aplicaciones y servicios informáticos con la visión de alcanzar el liderazgo nacional científico técnico en informática, y latinoamericano, en productos de software, vinculada estrechamente con los OACE de Cuba generando positivos impactos económicos y sociales
 

Noticias

La Huelga general de 1933 y la huida de Machado
Image
Huelga general de 1933

Se cumplen hoy 88 años de aquel 12 de agosto de 1933 cuando una Huelga General Obrera provocó el derrocamiento del régimen del dictador Gerardo Machado, para hacer valedera esa sentencia de José Martí que señala: “Donde los trabajadores son fuertes, lucharán y vencerán los trabajadores”.

El General Gerardo Machado había llegado al poder en mayo de 1925 y en sus primeras declaraciones manifestó, que ninguna huelga duraría más de 72 horas. Sin embargo, ese mismo año se creó la Confederación Nacional Obrera de Cuba, que en 1930 convocó a los trabajadores a una Huelga General que hizo tambalear el régimen.

Los efectos de la profunda crisis económica mundial de 1929 y la política sustentada en el terror que gozaba del apoyo de la banca estadunidense y nativa, pusieron al régimen machadista al borde.

A finales de julio de 1933 el movimiento obrero logró convertir un paro local de pequeños propietarios de ómnibus urbanos en la capital, en una huelga que se propagó a otros sectores laborales en todo el país. 

Las luchas llegaron a su punto culminante el 5 de agosto en una huelga general, el día 7 los esbirros de Machado ametrallaban al pueblo en las calles de La Habana, y con esto creció la indignación y la determinación de derribar al tirano.

Organizada y dirigida por la Confederación Nacional Obrera se llevó a cabo la huelga, y ese mismo día se decretó la huida del tirano Machado hacia el exterior, terminaba así su nefasto mandato.

El Artífice de la huelga general revolucionaria fue el prestigioso revolucionario Rubén Martínez Villena, quien había puesto al servicio del proletariado cubano toda su abnegación, talento y lucidez para consolidar las organizaciones obreras en sucesivas etapas de grandes convulsiones políticas y sociales en el país. Aunque no fue una victoria definitiva del proletariado cubano, al menos provocó una apertura democrática, que incluía la libre actividad sindical.

La fecha marcó un momento culminante en la lucha del pueblo cubano, pues aunque no fructificaron las ansias de libertad y soberanía nacionales, sí corroboró cuán necesaria era la unidad para alcanzar la definitiva independencia. La clase obrera obtuvo una victoria, que serviría de ejemplo a las generaciones futuras y confirmaba lo dicho por José Martí: “Donde los trabajadores son fuertes, lucharán y vencerán los trabajadores”. Nadie duda cuánta razón tenía el Héroe Nacional Cubano.