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Para Marianela la UCI ha sido un hogar, por tal motivo, se esfuerza cada jornada para, con su trabajo, entregarle lo mejor de sí. Foto: Lázaro J. Montano Castellanos

Las huellas de una fundadora

Lázaro J. Montano Castellanos |
14 de Octubre de 2022 / 9:30 am
Para Marianela la UCI ha sido un hogar, por tal motivo, se esfuerza cada jornada para, con su trabajo, entregarle lo mejor de sí.

Para Marianela la UCI ha sido un hogar, por tal motivo, se esfuerza cada jornada para, con su trabajo, entregarle lo mejor de sí. Foto: Lázaro J. Montano Castellanos

Marianela Mirás Morricel es hoy, veinte años después, la directora de la Residencia de Trabajadores en la Universidad de las Ciencias Informáticas (UCI). Pero, cuando en 2002 le plantearon la idea de abandonar el Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (Inder) y dedicarse a dar clases de educación física en la capital, las dudas sobrevolaron su cabeza. 

Nunca imaginaría ser parte de un proyecto erigido por el Comandante en Jefe Fidel Castro, ni vivir todo aquello que la esperaba entre los muros de una naciente Universidad. “No sabía con exactitud a qué venía a la capital, lo mismo le sucedía a la mayoría de los compañeros que iban llegando. Fidel vio la necesidad que tenía el país de informatizar sus procesos y entendió que para lograrlo lo primero era crear un capital humano con destrezas y compromiso de cumplir semejante labor”. 

Era una muchacha joven, recién graduada. Trabajaba en Camagüey como entrenadora del Inder. “Una compañera, cuadro de la naciente institución, me llamó y me dijo que estaba propuesta para trabajar en un proyecto nuevo. Sin más, le pregunté qué tenía que hacer y ella me respondió.” “'Ahora mismo, profesora de educación física'”. 

La idea por momentos no la convenció. Era entrenadora, pero no se veía impartiendo clases a jóvenes universitarios, sin embargo, sabía que se le había encomendado una tarea de la Revolución, así que dio el paso al frente. 

“Llegué de noche, lloviendo. Las calles no estaban asfaltadas todavía. Recuerdo que cuando me bajé del carro y puse los pies en el suelo, me hundí en el fango junto con mis sandalias. Me volteé y le pregunté a mis compañeras que dónde estaba la Universidad, sin saber que estaba parada justo frente a ella. Entonces comprendí cuánto trabajo había por delante. Al otro día cuando vi todo, me pareció un hormiguero, pero me sentí muy orgullosa. Iba a ser parte de algo desde sus inicios”.

“Me impactaron muchas cosas. Primero, ver como desde los estudiantes hasta los profesores se formó una gran familia. Era la primera vez que veía tantas personas de diferentes generaciones trabajar tan unidas. Eso me marcó. Experimenté un ambiente de mucha hermandad. Lo mismo salíamos en botas y capa a recoger escombros que a dar clases. Si un estudiante tenía un problema tratábamos de resolverlo en grupo. Aprender a relacionarme con la tecnología también fue un proceso intenso”. 

“Sin esta experiencia fuera una persona totalmente diferente, quizás menos humana. Nunca menos revolucionaria, porque eso es algo implícito en los genes. Probablemente con una mente menos abierta… definitivamente me sentiría menos joven. La interacción con los estudiantes y profesores me hace renovarme cada día. De no estar aquí, tuviera una visión del mundo radicalmente opuesta en muchos aspectos”.

Entre esos momentos inolvidables que ha vivido destaca las visitas de Fidel. Esa emoción de conocerlo será insustituible. Luego, siempre recordaré la Misión Barrio Adentro Deportivo en Venezuela y cada una de las batallas libradas durante estas dos décadas.

Entre sus recuerdos más recientes destaca el papel de nuestra casa de altos estudios en el enfrentamiento a la COVID-19. “Me sentí muy orgullosa del papel de nuestro centro como hospital, de sus trabajadores y estudiantes. Vi batirse a hombres y mujeres, codo a codo. Muchas veces me faltó fuerzas, ya no soy tan joven, pero el colectivo me empujaba a dar más y nunca me dejó caer. Ese tiempo fue la prueba a toda la integridad aprendida desde el 2000, desde la fundación, desde el inicio de todo”. 

Sigue aquí por amor a la obra, a lo novedoso, a Cuba. Siente esta alma mater como suya, pues la vio nacer. “Me ata el deber para con los estudiantes, sus padres y sobre todo con mis principios revolucionarios. Se mantiene firme mi compromiso de aportar a la encomienda de formar una nueva generación de profesionales de la informática de una manera diferente y novedosa. Hoy, 20 años después, seguimos aquí”.

“Nuestro líder histórico tuvo una visión espectacular sobre aquello que necesitaba el país en un momento determinado y concibió la idea desde su semilla. Esta institución académica es parte importante de nuestro proceso de informatización. Me atrevo a decir que incluso trasciende fronteras. Puedes comprobar el impacto y su dimensión cuando vas a otras empresas en cualquier provincia, o incluso en el exterior, y constatar el gran porciento de nuestros graduados en diferentes departamentos”. 

“Considero que todos aquí ayudamos. Hemos aportado nuestro granito de arena para empujar adelante el desarrollo informático y la alfabetización tecnológica de nuestro pueblo. La Universidad de las Ciencias Informáticas es un puntal primordial en el desarrollo de la sociedad cubana”.

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