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Como dijera hoy Carilda Oliver Labra, no hay que llorar, Fidel no tiene que volver a nacer porque no ha muerto.

Caminando junto a nuestro Comandante en Jefe

Yordany Llovera López |
01 de Diciembre de 2016 / 1:45 pm
Caminando junto a nuestro Comandante en Jefe

Como dijera hoy Carilda Oliver Labra, no hay que llorar, Fidel no tiene que volver a nacer porque no ha muerto.

Aun cuando se esperaba que en algún momento el Comandante de la Revolución desapareciera físicamente, la noche del 25 de noviembre y la madrugada del 26 fueron estremecedoras para Cuba entera, la conmoción de la noticia demostró al pueblo que no estaba preparado para darle el último adiós. Nuestra Universidad, lejos de partir para los ensayos de la marcha del 2 de Diciembre, tuvo que cambiar su rumbo para llorar la partida de nuestro Fidel y alistarse para rendirle merecido tributo.

Todos, estudiantes, profesores y trabajadores se olvidaron del cansancio y se sumaron de forma masiva a la despedida del líder histórico de la Revolución Cubana. A mí, particularmente me conmovió el hecho de ver que un pueblo entero lloró como quien pierde a un padre. Verlo partir de su Habana para descansar eternamente en su Santiago fue triste, pero no ha estado solo, lo abrigan una caja de cedro y una bandera cubana, lo acompañan su escolta militar y un pueblo entero a lo largo de la Isla que no permitirán que vaya solo a su descanso.

Sus amigos de ideales y batallas han venido a despedirlo. Maduro dejó claro que Fidel sobrecumplió su misión en esta Tierra, la sobrecumplió más allá de las expectativas más grandes que pudiera haber, pocas vidas han sido tan completas y tan luminosas. Las primeras palabras pronunciadas por Correa no se olvidarán: Murió invicto, solo el inexorable paso de los años lo pudo derrotar. Murió el mismo día en que 60 años antes, con 82 patriotas, partió de México para hacer historia. El noble Evo ratificó que Fidel está más vivo que nunca, más necesario que nunca, está vivo, vigilante, pensando en seguir la lucha para preservar nuestra casa común, sembrando trincheras de esperanza; hablando de los grandes sueños, fijando metas, trazando rutas. Manuel Ortega con inmensa tristeza pidió a Dios, mantener a Fidel cerca. Qué decir de su hermano Raúl que apenas podía hablar, bastó la conmemoración de todos los momentos que compartieron en la Plaza de la Revolución para entender su dolor.

Nos esperan días inmensamente tristes, en las calles se escucha el silencio y se percibe el dolor, pero como dijera hoy Carilda Oliver Labra, no hay que llorar, Fidel no tiene que volver a nacer porque no ha muerto, fue un hombre que sacó de la tierra el jugo que ninguna planta ha dado. Fidel, te recordaremos siempre y haremos nuestro el estribillo de la canción que Raúl Torres escribió para ti: ¨Hombre, los agradecidos te acompañan, como anhelaremos tus hazañas, ni la muerte cree que se apoderó de ti.¨ Me despido con la frase que cada cubano ha hecho suya en estos días ¨Yo soy Fidel¨… hasta siempre Comandante.

(Tomado de Gladiadores)