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De un enero a otro: 1853-2013

Miguel Barroso Hernández |
28 de Enero de 2013 / 8:45 am

De mañana…

1853: El cañonazo en el Castillo del Morro, anunciaba el despuntar del día, recordando que las puertas de la ciudad debían abrirse. Villa amurallada, recelosa luego de años de asaltos, de piratas y miedos. Gente armada por todas partes: “¿Quién vive?”… y, entonces, había que contestar automáticamente para seguir libre paso…

La Puerta de la Tenaza deja entrar a los guajiros, poco a poco. La calle de Paula se inunda de pregones: las voces se cuelan por las hendijas de las casas pintadas de blanco, azul y amarillo. El sol, sin apuros, apoderándose de los tejados rojizos, chocando contra campanarios y balcones, despertando a La Habana española aquel 28 de enero…

Martí, vivirá en una ciudad de grandes contrastes: prosperidad y miseria. Esclavitud y ¿dicha?

2013: Cuando camino las primeras horas de esta Universidad noto la diferencia. La libertad no lleva murallas… Las puertas se abren para que el conocimiento llene los edificios. Mella, detenido en la escalinata, ante el paso de la nueva generación. Erguida, en la otra plaza, la bandera de las ideas se enfrenta al mismo monstruo -en aquel tiempo y en este- señalado por el Apóstol. El gigante jamás podrá contra los miles de David que aquí se conectan al camino de la verdad, dando vida al pensamiento del “hombre sincero”.

Al mediodía…

1853: La luz alcanzaba la plenitud. Los carruajes avanzando con la alcurnia que llevan dentro, más o menos lujosa, mientras los negros cargan y descargan lo que a sus dueños pertenece: en ocasiones obviando el descanso anunciado por el tercer toque de la campana mayor en la Catedral.

¡No conocía la paz el traído de África a estas tierras…!

Y en los salones de recibo, el humo del tabaco interponiéndose entre comadreos de señoras o flirteo de criollitos bien educados. La política y el “azúcar” en palabras de poco sentido… hasta que llegue la hora del teatro o el paseo.

Tardes en las que tanto verso y tanta idea concibió José, el primogénito de los Martí.

2013: Miro alrededor. Aquí todos están juntos. Van el negro y el blanco en el mismo grupo, con iguales derechos. La posibilidad es la misma: está en el empeño y no en la cuna.

La hora del descanso llega. Salen los muchachos de las aulas, llenando las calles, con proyectos en la mente, no con frivolidades…

Buscan el balón o se dirigen al ensayo en el Centro Cultural. De la mano, avanzan en el camino de la amistad y el amor.

La noche…

1853: Despierta el faro, alumbrando la bahía. La Habana muestra la elegancia que caracteriza a sus vecinos, pero, como La Cenicienta, tiene un horario para retirarse. El cañonazo de las nueve anuncia la proximidad. Las puertas de la ciudad vuelven a cerrarse. Muere el ir y venir; cesa la música, el drama… El silencio, adueñándose del espacio: ¡Vive España!: rompiéndolo en instantes… El niño -que luego concibiera La Edad de Oro para la dicha de otros niños- no podía sospechar aún todo lo que tendría que luchar por su Tierra.

2013: Cuando llega el ocaso, en la Universidad de las Ciencias Informáticas comienza, nuevamente, la actividad… El tiempo nunca se detiene en estos predios… El trabajo es constante, igual al de aquel que nació en una de las madrugadas de La Habana Colonial.

Los sueños de Martí se hacen realidad en la Universidad de las Ciencias Informáticas…